Análisis de coyuntura . Nada muy importante
Era martes por la noche, luego de horas interminables en la bicameral del Senado, donde el equipo económico expuso el decreto del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). José Luis Daza, viceministro de Economía, se dirigió a los últimos senadores de manera sincera al afirmar: “Agarramos un país que estaba al borde de una crisis muy grande. Fuimos desarmando cada una de esas fuentes de crisis: la deuda comercial, pasivos remunerados, déficit fiscal, inflación elevada, pero todavía nos queda una vulnerabilidad por resolver: un Banco Central que está quebrado. Argentina es una excepción en el mundo en términos de colapso económico e inflación. La fragilidad se encuentra en el Banco Central.”
Es significativo que desde el propio equipo económico se reconozca que algo no está funcionando en nuestro sistema. Sin embargo, no resulta coherente sostener que el actual tipo de cambio refleja el equilibrio, dado el evidente estado precario de la economía. En contraste, Brasil enfrentó un salto cambiario reciente que elevó el dólar sobre el real y, para contrarrestarlo, su Banco Central utilizó más de USD 32.000 millones en el mercado, respaldado por reservas de USD 334.000 millones. En cambio, nuestro Banco Central exhibe reservas netas negativas por USD 5.500 millones.
La semana estuvo marcada por rumores y fluctuaciones en el mercado. El viernes pasado, prevaleció un clima de inquietud con un aumento de hasta un 6% en las cotizaciones de los futuros del dólar y un notable repunte en el contado con liquidación a $1.300, alcanzando una brecha cambiaria del 21%. Todo esto sucedió tras comentarios de un ex ministro que insinuó que el FMI podría exigir una devaluación del 10%.
En una reciente entrevista, el ministro de Economía, Luis Caputo, dejó entrever posibles cambios en el esquema cambiario, lo que generó aún más incertidumbre. A pesar de los esfuerzos del gobierno por estabilizar la situación, el mercado continúa sensible a cualquier indicio de inestabilidad.
La presión es palpable. Aunque el consenso no prevé un aumento en el tipo de cambio oficial antes de las elecciones, cualquier movimiento, por leve que sea, podría desestabilizar las ganancias obtenidas en pesos. La tendencia actual sugiere que la mejor estrategia podría ser dolarizarse, abandonando la lógica que prevalecía hace solo unos días.
En términos de fundamentos económicos, no ha habido cambios significativos; lo fiscal se mantiene robusto y la pauta monetaria se sostiene. Sin embargo, el costo del tipo de cambio real se asemeja más al legado del gobierno anterior que al del actual, con un Banco Central aún frágil, tal como advirtió Daza. La distancia entre las reservas y los compromisos del BCRA es alarmante, resumida en la venta de USD 1.204 millones solo en la última semana y un superávit comercial muy por debajo de expectativas, lo que indica una dependencia crítica de la entrada de dólares.
El camino hacia adelante es incierto. La dificultad para tomar decisiones claras sólo prolonga la alteración en el mercado y empeora la situación, desafiándonos a confrontar la realidad económica sin ilusiones.
En la última ...
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