Si el nuevo dogma nacional es que todo se arregla importando, entonces no perdamos tiempo en medias tintas: importemos también a los políticos y economistas.
La industria nacional es un problema. La ciencia local es un gasto. La producción es un estorbo. Lo único moderno parece ser traer todo de afuera, como si el país fuera un depósito fiscal y no una nación.
Siguiendo esa lógica brillante, propongo una política pública coherente: cerrar la fábrica de dirigentes nacionales y abrir un “Puerto de Funcionarios Premium”. Economistas suizos sin inflación.
Ministros alemanes con tornillos bien ajustados.
Legisladores nórdicos con manual de ética incluido.
Los nuestros, mientras tanto, podrían ser exportados como commodities exóticos: “político latinoamericano usado, con experiencia en crisis recurrentes”.
El Banco Central se transformaría en una sucursal de relojería suiza: precisión, silencio y cero emisión. Y cada ley vendría con garantía internacional: si no funciona, se cambia por otra importada.
El problema es que este chiste no está tan lejos de la realidad. Porque cuando un gobierno cree que el país se salva abriendo las fronteras y cerrando las fábricas, en verdad está diciendo algo más profundo: que no confía en su propia gente.
La apertura total no es modernización: es rendición con PowerPoint. Es confundir competencia con demolición y libertad con abandono. Es convertir a la economía en un shopping y a la política en un delivery.
Y cuidado: cuando se importa todo, también se importa la dependencia. Se importan decisiones, modelos ajenos y problemas ajenos. Pero la crisis siempre queda local.
Por eso, si vamos a jugar al libre mercado absoluto, juguemos bien: importemos políticos.
Que vengan con factura, garantía, instrucciones en alemán y sin posibilidad de reelección.
Tal vez así entendamos que un país no se construye trayendo soluciones en contenedores, sino formando dirigentes, protegiendo su trabajo y pensando su propio futuro.
Porque si hasta la soberanía se importa… ya no queda ni el envase.
Y un país que no produce termina importando, un país que no piensa termina copiando, un país que no gobierna termina siendo gobernado.
Los concejales Bernardo Fiore ...
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