Malena cuida el barrio, como ninguna…
(Hasta siempre y gracias, querida vecina/Barrio UOM, Pergamino)
Me dedico gran parte del día a redactar por trabajo, para otros y muchas veces noticias frías, híbridas. Cómo, entonces, no escribirle unas pocas líneas a ella que fue parte de mi infancia.
En cada uno de mis regresos a Pergamino y al querido barrio UOM (de donde nací, donde voy a morir, mi tierra santa), en los últimos 30 años, solía cruzármela. La veía a Malena y parecía no envejecer nunca más allá de que la recuerdo desde siempre con el pelo blanco a la altura de los hombros y vestida de manera simple, casi de entrecasa.
Sentada en el tapialcito de ingreso con su inseparable compañero, el Gordo Vanney, primero y cuando este partió, paseando a su fiel collie blanco y negro por los caminitos de piedra. O mismo en el viejo balcón desde donde controlaba todo y me daba la bienvenida con su voz aguda: “Cómo andas pibe tanto tiempo, qué bueno verte/los” (ya en plural cuando formé familia), decía y en más de una ocasión se iniciaba una breve y amena charla en la que me informaba sin falta y con orgullo la actualidad de sus 3 hijos: Leandro, Dario y Agustina.
Hay personas que no seguimos en redes sociales, ni siquiera agendamos sus teléfonos y les perdemos el rastro, que están como ausentes de nuestras vidas pero que inevitablemente en algún lugar de la memoria y del corazón siguen vivas pese al impiadoso paso del tiempo.
Crecer en un complejo habitacional, en un barrio tan popular, como en comunidad, tendrá seguramente muchas contras. Pero no duden de que son más las ventajas y los privilegios y claramente no hablamos de lujos ni comodidades. El sentido de pertenencia y la hermandad que se genera entre vecinos, emulando la emblemática propaganda de una tarjeta de crédito, no tiene precio. Es cuestión de experimentarlo para sentirlo y comprobarlo…
Por ello quizá este reciente llamado de mi vieja muy angustiada -sigue firme allí en el “rrioba”-, con la triste noticia me dolió como una trompada de Tyson al higado en sus años de esplendor.
Cada vez quedan menos históricos y ante un nuevo vecino fundador que parte de este mundo (Blanca, Roberto, Maruca, Nelly, Ramón, Carlitos, Elias, El Gringo, Tachuela, Ricardo, Alicia...), la pena y la nostalgia se agigantan. Es que, además, nos percatamos que también a nosotros, los pibes mimados de aquellos pioneros, se nos va acortando el almanaque de la vida.
Malena era una de las 12 mujeres adultas que habitaron con su familia la gloriosa tira 7 desde el vamos. Cuidaba el sector como ninguna. No se le escapaba un detalle y tampoco le temblaba el pulso a la hora de decir las cosas como son, con firmeza y carácter. Sacó corriendo a más de un intruso a pura audacia y visitó con frecuencia y gran corazón a ancianos enfermos de la manzana mágica.
Murió en su ley, charlando cordialmente con vecinos en el barrio (Mabel, otra leyenda de la tira era una de sus compinches, lo mismo que Susana, Guille que intentó salvarla). La lloran también mi hermana Romina y mi mamá Mimí que aún mantenían largas conversaciones con ella cuando se la encontraban con su mascota. Igual que Rosa, Carlitos, María Elena, Claudio, Luciano, Clety, Georgina y Leo.
Era de la vieja guardia, la que contempló todo lo bueno y lo malo de los cambios y la transformación de la UOM, en la zona más futbolera y fogonera o Douglista de la ciudad. La que se hizo respetar, a su manera, por los de antes y los de ahora.
Malena canta el tango como ninguna entonaba con su inigualable prosa el Polaco Goyeneche. Malena, la nuestra, cuidó y seguirá cuidando, desde otro lugar, el barrio como ninguna. Gracias por tanto. Hasta siempre. Ya se te extraña, querida vecina.
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Tras la suba del gas, el ...
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