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 Miercoles 25 de Febrero de 2026

Juventud llora a Daniel Neme, símbolo de compromiso y pasión

Hay nombres que no necesitan presentación porque están escritos en la memoria colectiva. El de Daniel Neme es uno de ellos. Su partida deja un silencio difícil de explicar, de esos que se sienten en las canchas, en las charlas de café y en cada rincón donde alguna vez se habló de fútbol y de pertenencia.

 

“El Turco” fue mucho más que un referente del Club Juventud. Fue parte viva de su historia, uno de esos hombres que no aparecen solo en las fotos antiguas, sino también en los recuerdos más profundos de quienes aprendieron a querer al club a través de su ejemplo. Juventud fue su casa y su causa, el lugar al que dedicó tiempo, esfuerzo y una pasión silenciosa pero constante.

En el fútbol pergaminense, su figura trascendió camisetas. Supo ganarse el respeto de todos por su forma de ser, por su manera de entender el deporte y la vida. No hacía falta levantar la voz para ser escuchado: su palabra tenía peso porque estaba sostenida por hechos, coherencia y valores.

Pero lejos de los cargos y las decisiones, Daniel Neme fue, ante todo, una gran persona. Padre orgulloso, esposo compañero y amigo leal, quienes lo trataron de cerca coinciden en definirlo como un hombre íntegro, de esos que dejan huella sin proponérselo. Su legado no está solo en lo que hizo, sino en cómo lo hizo.

Hoy Pergamino lo despide con tristeza, pero también con gratitud. Porque hay personas que no se van del todo: se quedan en las historias compartidas, en las anécdotas repetidas una y otra vez, y en el sentimiento de pertenencia que ayudaron a construir.

El “Turco” ya es parte de la memoria grande del fútbol local. Y mientras haya una cancha, una tribuna o una charla apasionada sobre Juventud, su nombre seguirá estando ahí, intacto, como los recuerdos que no se borran.



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