En 1964, Pergamino sumó un nuevo emprendimiento familiar que con el tiempo se convertiría en un clásico de la ciudad: Heladería Venezia. La historia comenzó cuando Faustino Rodríguez llegó desde Capital Federal con su familia y la decisión de empezar de cero. Su idea era clara: abrir una heladería al paso que ofreciera un producto artesanal y de calidad, elaborado con dedicación diaria.
Desde el primer día, el proyecto fue profundamente familiar. Faustino no solo estaba al frente del negocio, sino también de la producción. Fabricaba el helado en el propio local, comenzando muy temprano cada mañana con una máquina Siam para que, al momento de abrir las puertas, todo estuviera listo para atender al público. Sus hijos colaboraban activamente: Hugo y María Inés, ayudaban detrás del mostrador, atendiendo a los clientes y acompañando el esfuerzo que implicaba sostener un emprendimiento nuevo en la ciudad.
Durante 17 años, la primera generación consolidó la marca en su histórica ubicación de Avenida de Mayo 455. El trabajo constante, la cercanía con los clientes y la apuesta por un producto artesanal fueron sentando las bases de lo que sería una tradición pergaminense.
Cambio de mando
En 1981 se produjo el primer gran recambio generacional. Daniel Giacopetti, esposo de María Inés -hija de Faustino-, se incorporó al negocio y tomó las riendas, dando inicio a la segunda etapa de Heladería Venezia. Con él comenzó un proceso de crecimiento y profesionalización, sin perder la esencia familiar.
Daniel dedicó más de 30 años de su vida al desarrollo de la Heladería. Su filosofía fue clara: mejorar cada día. Aprendió el oficio de manera constante, perfeccionando técnicas y priorizando siempre la calidad de la materia prima. Para él, el criterio fundamental no era el costo, sino el resultado. La elección de frutas naturales, crema y leche de primera calidad formaba parte de una convicción: el cliente debía elegir el producto por su sabor y excelencia, no por su precio.
Durante esa etapa se incorporaron los primeros empleados que ayudaron en la atención al público y se amplió la capacidad de producción, utilizando también espacios de la vivienda familiar ubicada detrás del local original. La heladería mantuvo su identidad artesanal, pero comenzó a fortalecerse como una referencia en la ciudad.
Nueva generación
En 2007 se abrió un nuevo capítulo con la llegada de Pablo Rodríguez Solmi, nieto de Faustino, quien comenzó a formarse para asumir el desafío de la tercera generación. Lejos de un traspaso abrupto, el proceso fue gradual. Daniel lo acompañó durante años, transmitiéndole cada detalle aprendido en tres décadas de trabajo: desde la selección de proveedores hasta la importancia de sostener una marca basada en la calidad y la coherencia.
Para Pablo, el aprendizaje fue integral. Entendió que el oficio no solo implica fabricar helado, sino también sostener valores: compromiso, constancia y respeto por la tradición. Con el tiempo, se consolidó como parte activa de la conducción del negocio familiar.
Cinco años más tarde, se sumó Nicolás Giacopetti, quien comenzó a involucrarse de manera activa en la producción y en la organización interna del negocio. Su incorporación aportó una mirada joven y dinámica, fortaleciendo el trabajo en equipo y acompañando el crecimiento sostenido de la heladería en esta nueva etapa.
En el año 2020, Evelina Rodríguez Solmi regresó desde México y se integró al emprendimiento familiar. Su llegada significó un nuevo impulso en un contexto desafiante, aportando su experiencia, compromiso y una visión renovada para acompañar el desarrollo de la marca, colaborar en la gestión y reforzar la identidad de Heladería Venezia como empresa familiar.
Otros puntos
Tras décadas funcionando con una única casa central, en 2019 la familia decidió dar un paso clave: abrir su primera sucursal en el barrio Viajantes. El objetivo era acercarse a los clientes y facilitar el acceso a un producto que ya formaba parte de la identidad local. El crecimiento fue pensado de manera cuidadosa, priorizando siempre mantener los estándares de calidad artesanal.
En 2020, en un contexto desafiante marcado por la pandemia, Heladería Venezia inauguró una nueva sucursal en el barrio Centenario, en el espacio donde anteriormente funcionaba la heladería Flugel. Este nuevo punto no solo amplió la presencia comercial, sino que también sumó capacidad productiva, ya que allí se elaboran algunos sabores.
El sabor de siempre
A lo largo de más de seis décadas, la historia de Heladería Venezia demuestra que el verdadero crecimiento no se mide únicamente en cantidad de sucursales, sino en la capacidad de sostener una esencia. Desde las madrugadas de Faustino preparando los primeros sabores hasta la consolidación actual de la tercera generación, el hilo conductor ha sido el mismo: trabajo familiar, mejora constante y un compromiso inquebrantable con la calidad.
Hoy, Heladería Venecia sigue siendo sinónimo de tradición en Pergamino, una empresa que atravesó generaciones sin perder su identidad y que continúa proyectándose hacia el futuro con la misma premisa que la vio nacer en 1964: hacer un gran helado artesanal, todos los días.
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