El proceso de cobertura de vacantes en la Cámara de Apelación y Garantías en lo Penal del Departamento Judicial Pergamino no es un trámite más dentro del engranaje judicial. Se trata, en rigor, de una instancia que expone con crudeza una discusión estructural: quiénes acceden a los lugares de decisión y bajo qué criterios se define la representación dentro del sistema.
Durante años, el Tribunal supo sostener una composición con presencia femenina relevante, encarnada en figuras como Mónica Guridi y Gabriela Jure. Sus trayectorias no solo aportaron solvencia técnica, sino también una mirada diversa en un ámbito históricamente dominado por varones. Hoy, con sus salidas, ese equilibrio quedó en suspenso.
La pregunta que sobrevuela el escenario es incómoda pero inevitable: ¿Pergamino está dispuesto a sostener ese estándar o se encamina a consolidar un retroceso silencioso?
Más allá de lo que ocurra con la Cámara, los antecedentes recientes dentro del Departamento Judicial no invitan al optimismo. Por el contrario, muestran un patrón que se repite con preocupante regularidad: cargos ocupados por mujeres que, tras vacantes o jubilaciones, terminan en manos masculinas.
El repaso es elocuente. El Juzgado en lo Correccional N° 2, que supo estar a cargo de Gloria Aboud, hoy es encabezado por Raúl Alejandro Salguero.
En la órbita del Ministerio Público, la histórica función que desempeñó Amalia Rava de Zorzi como Fiscalía Generalfue continuada por Mario Daniel Gómez.
La misma lógica se replicó en fiscalías y defensorías. Las fiscales Karian Póllice y Alejandra Ghiotti marcaron un punto de inflexión como últimas mujeres titulares en ese ámbito, pero los nombramientos más recientes de Fernando Pertierra, Germán Guidi y Juan Tomás Godoy volvieron a inclinar la balanza hacia el lado masculino.
En la Defensoría Oficial, el recorrido no fue distinto. Tanto Guridi como Jure iniciaron allí sus carreras antes de llegar a la Cámara, pero sus lugares también fueron ocupados por hombres. Incluso el caso de Virginia Gaspari, última defensora mujer, terminó replicando la misma secuencia al ser reemplazada por Pedro Zanardi.
En ese contexto, la designación de Marcela Santoro como integrante del Tribunal Oral en lo Criminal aparece como una excepción que confirma la regla: fue la única mujer que logró quebrar esa inercia al ocupar un lugar previamente asignado a un varón.
El techo de cristal, más vigente que nunca
Los datos a nivel provincial y nacional refuerzan lo que en Pergamino se percibe en la práctica cotidiana. Informes del Mapa de Género de la Justicia Argentina y relevamientos de la Asociación Judicial Bonaerense coinciden en un diagnóstico persistente: las mujeres son mayoría en los escalones inferiores del sistema, pero su presencia se diluye a medida que se asciende en la jerarquía.
Ese fenómeno, conocido como “techo de cristal”, no es abstracto ni lejano. Tiene traducción concreta en cada designación, en cada concurso y en cada decisión política que define quién accede a los cargos de mayor poder.
Por eso, la discusión actual no puede reducirse a nombres propios ni a trayectorias individuales. Lo que está en juego es si el Departamento Judicial Pergamino asume la responsabilidad de revertir esa desigualdad o si, por omisión o decisión, la consolida.
Una oportunidad que interpela
El avance del Consejo de la Magistratura bonaerense en la cobertura de cargos abre una ventana que difícilmente vuelva a repetirse en el corto plazo. En esa instancia, Pergamino tiene la posibilidad de enviar una señal clara: sostener una Justicia que refleje la diversidad de la sociedad a la que debe servir.
Entre las alternativas que surgen para la Cámara de Apelación y Garantías en lo Penal del Departamento Judicial Pergamino aparecen perfiles con recorrido y conocimiento del sistema, como Florencia Montanari, Geraldine Casco y María Eugenia Tocalini. Su eventual incorporación no sería un gesto simbólico, sino un paso concreto para equilibrar una estructura que hoy muestra signos de retroceso.
La clave no pasa por cumplir con una cuota, sino por garantizar condiciones reales de igualdad en el acceso a los cargos. Es, además, una obligación que excede lo declamativo: responde a compromisos constitucionales y a estándares internacionales en materia de derechos.
Pergamino no parte de cero. Supo construir una referencia institucional con perspectiva de género dentro del ámbito judicial. Pero ese capital puede diluirse si las decisiones actuales no están a la altura.
Romper el techo de cristal no es una consigna abstracta ni un eslogan políticamente correcto. Es una definición concreta que se juega en cada nombramiento.
La Cámara de Apelación y Garantías en lo Penal es hoy la oportunidad para que el Poder Legislativo y Ejecutivo marquen un rumbo. La pregunta es si el Poder Judicial de la ciudad estará dispuesto a asumir ese desafío o si, una vez más, dejará pasar la ocasión de corregir una desigualdad que ya no admite excusas.
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