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 Lunes 01 de Junio de 2026

EDITORIAL

La Argentina del Nuevo Siglo: Del Eclipse de la Escasez a la Encrucijada del Destino Económico

Un panorama optimista, pero con una advertencia: la economía argentina parece encaminada a dejar atrás uno de sus miedos históricos —la escasez de divisas— gracias al despegue de sectores como hidrocarburos y minería, que hacia 2035 podrían aportar decenas de miles de millones de dólares en exportaciones. Ese salto estructural, sumado a una cosecha excepcional y a mejoras fiscales, transforma la lógica macroeconómica: el foco deja de estar en déficits bilaterales puntuales y vuelve al saldo agregado de la cuenta corriente, donde las cifras empiezan a mostrar alivio.

No es el final de los problemas. Las ganancias externas conviven con heterogeneidades profundas: regiones que se benefician por la producción primaria y la explotación energética, y áreas metropolitanas donde la industria sigue sintiendo la presión de costos en dólares. La inflación, aunque estaría en una senda descendente, se resiste a caer con rapidez y conserva efectos sociales palpables. Y si bien el tipo de cambio puede moverse sin arrastrar automáticamente una inflación desbocada —siempre que las autoridades consoliden credibilidad—, las tensiones externas y los ajustes de precios relativos siguen siendo factores de riesgo.

Aquí aparece la mayor fragilidad: la política. Los avances económicos pueden ser abortados si la sociedad opta por atajos populistas que ignoren la aritmética básica de la economía. La historia local registra demasiadas recaídas por promesas fáciles que, a la postre, terminan en episodios de volatilidad, pérdida de activos y retrocesos duraderos. Más aún: la dependencia de seguros externos —desde apoyos internacionales hasta líneas financieras— deja claro que hay que fortalecer reservas propias y construir mecanismos de protección menos vulnerables a coyunturas electorales externas.

El desafío, entonces, es aprovechar la ventana que se abre. Con dólares por entrar y una macro menos ruidosa, el país puede transformar expectativas en inversión productiva, bajar incertidumbres y focalizar a empresarios en bajar costos y ganar mercados, no en cubrirse de devaluaciones. Pero para eso se necesita una decisión colectiva: sostener políticas razonables, evitar atajos que siempre terminan mal y construir —ahora sí— una alternativa seria que compita en ideas y cifras, no en letanías demagógicas. Si se cumple esa condición, la oportunidad es histórica; si no, volveremos a tropezar con las mismas piedras de siempre. 



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