La intoxicación se produce al respirar en ambientes cerrados o con poca ventilación donde hay artefactos encendidos. Debido a que el monóxido de carbono no tiene color, olor ni sabor, muchas veces las personas no advierten su presencia.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran dolor de cabeza, náuseas o vómitos, somnolencia o cansancio, mareos, confusión, visión borrosa, palpitaciones, dolor de pecho y, en los casos más severos, desmayos o convulsiones. En niñas y niños también puede manifestarse con irritabilidad, llanto continuo y rechazo al alimento.
Desde Defensa Civil recomiendan no dormir con brasas o llamas encendidas, no utilizar hornallas ni el horno para calefaccionar ambientes, no encender motores en espacios cerrados y evitar arrojar plásticos, goma o metales al fuego.
Además, remarcan que si una persona permaneció en un ambiente cerrado con artefactos encendidos y presenta alguno de estos síntomas, debe prestar especial atención, ventilar de inmediato el lugar, salir al aire libre y solicitar asistencia médica.
La prevención y la ventilación adecuada de los ambientes son las principales herramientas para evitar este tipo de intoxicaciones durante el invierno.
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