Hablar de Bicicletería Saranittes es recorrer casi nueve décadas de historia viva en Pergamino, una trayectoria construida a fuerza de trabajo, perseverancia y una profunda pasión por la bicicleta. Fundada en 1939, la bicicletería no solo atravesó generaciones, crisis y cambios de época, sino que supo mantenerse fiel a su esencia, convirtiéndose en un verdadero símbolo local. Hoy, ese legado continúa en manos de la tercera generación de la familia.
“La bicicletería fue fundada por mi propio padre en el año 1939”, cuenta Héctor “Chocho” Saranittes, uno de los hijos del fundador. Domingo Saranittes comenzó su camino en el rubro trabajando en Casa Gulo, un comercio que en aquel entonces funcionaba como armería y bicicletería. Allí se dedicaba principalmente al armado de bicicletas y, con el correr del tiempo, fue aprendiendo el oficio en profundidad, incorporando conocimientos que luego serían la base de su emprendimiento propio.
Tras adquirir experiencia, Domingo decidió independizarse. Abrió su primer local en la zona de San Martín y 9 de Julio, donde atendía bicicletas de distintos comercios céntricos, incluso de una farmacia. Desde los inicios contó con el apoyo incondicional de su esposa, Delia Irma Panza, quien lo acompañó y ayudó en el negocio desde el primer momento, siendo una pieza clave en la construcción del proyecto familiar.
9 de Julio y Mitre
Con los años, y gracias al esfuerzo conjunto, lograron comprar la esquina de 9 de Julio y Mitre, lugar emblemático donde la bicicletería funciona hasta el día de hoy. Allí, prácticamente, creció Héctor. “Yo era muy chico cuando arrancamos en ese lugar, tenía apenas unos meses”, recuerda. Seguir los pasos de su padre fue algo natural: al terminar el secundario, a los 17 años, comenzó a ayudarlo de manera más activa, ocupándose principalmente de la parte administrativa, mientras Domingo continuaba al frente del taller.
En la historia laboral de Domingo hubo una figura fundamental: “Cholo” Novarese, quien comenzó a trabajar con él cuando tenía apenas 15 años y permaneció a su lado durante más de 45 años. “Era quien me atendía la bicicleta cuando empecé a correr y a dedicarme de manera competitiva”, señala “Chocho”. En esa etapa integró el equipo Saranittes Hnos, junto a Julio Pérez, José Carlos Franco y José Luis Constantino, y más tarde se sumaron Javier Herrera y Rubén Molins.
Duros momentos
Como toda empresa atravesada por la realidad del país, la bicicletería también vivió momentos complejos. “Los años 2001 y 2002 fueron muy difíciles”, recuerda Chocho. Las ventas cayeron notablemente y hubo que reinventarse para seguir adelante. Sin embargo, lejos de rendirse, fue una etapa de aprendizaje, creatividad y adaptación. “Nos enseñó a no bajar los brazos y a buscar nuevas formas de seguir en movimiento”, resume.
Consultado sobre si la llegada de las motos fue un impedimento para que Saranittes siguiera siendo sinónimo de bicicleta en Pergamino y la zona, Chocho es claro: “Las motos nunca fueron un impedimento. La bici siempre estuvo primero, marcando identidad y camino”. Si bien hubo que adaptarse, la esencia nunca se perdió. Fue así como se amplió el rubro, incorporando patines, rollers, triciclos y numerosos accesorios, siempre manteniendo a la bicicleta como eje central.
“Marielita”
Cuando Domingo decidió dejar de trabajar, se formó una sociedad entre los hermanos y se dio un paso fundamental: la creación de una pequeña fábrica de cuadros y el armado de bicicletas propias. En un galpón ubicado en calle Ameghino, comenzaron a producir bicicletas de carrera y tipo sport de gama media, que llevaban la marca registrada “Saranitte”. Las bicicletas de paseo, en tanto, se comercializaban bajo el nombre “Marielita”, en honor a su sobrina Mariela, hija de Miguel.
Durante muchos años trabajaron juntos, atravesando distintas etapas y desafíos. Comenzaron a viajar por la región, llegando hasta Santa Rosa, La Pampa. Esa tarea la inició Miguel con un camión, recorriendo y abasteciendo a distintos bicicleteros. Además, contaban con la representación de cubiertas Imperial Cord, adquirida inicialmente por Domingo y luego continuada por Miguel. Más adelante, cuando Miguel dejó de viajar, fue Carlos quien siguió recorriendo el país. Llegaron a tener hasta cinco camiones distribuyendo bicicletas y accesorios, en una etapa que Chocho recuerda como “verdaderamente gloriosa”.
La sociedad se disolvió en 2005 y cada hermano tomó su propio camino. Miguel continuó con su bicicletería en Prudencio González y San Luis, junto a sus hijos. Carlos decidió no seguir en el rubro. “Chocho”, por su parte, continuó al frente de la bicicletería de 9 de Julio y Mitre, atravesando años difíciles, pero logrando sostener el negocio gracias al esfuerzo y la constancia.
Eugenia y Sol
Hoy, la historia sigue escribiéndose. La bicicletería está en manos de sus hijas: María Eugenia, de 34 años, y Sol Ariana, de 26, quienes están al frente del negocio con pasión y compromiso. Aman el rubro, disfrutan la atención al público y aportan una mirada fresca y actual. Incorporaron nuevas marcas, accesorios, indumentaria, gafas y una propuesta integral pensada especialmente para quienes dan sus primeros pasos en el ciclismo.
En 2019, impulsaron una reinauguración que le dio un nuevo aire al local, con una impronta moderna, sin perder la identidad construida durante décadas. “Verlas crecer y hacerse cargo con tanta responsabilidad es uno de mis mayores orgullos”, confiesa “Chocho”.
Agradecimiento
Al momento de agradecer, no duda: “Todo se lo debo a mi padre”, al inolvidable Domingo, conocido por muchos como “el culpable de tantas bicicletas”. Un apodo que aún hoy se repite con cariño, porque fue responsable no solo de bicicletas, sino de sonrisas, primeras pedaleadas, salidas en familia y recuerdos imborrables. A él, a su familia, a su esposa Graciela, a sus hijas, hermanos y amigos, “Chocho” les dedica una historia que sigue rodando, firme, sobre dos ruedas.
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