Un día en la rutinaria maniobra de levantar la tapa del contenedor para arrojar la bolsa de residuos, por un instante me quedé mirando su interior y enseguida saqué mi celular para tomar la foto que estás viendo, pibe. Algún vecino pensó que el viejo póster con la imagen de Brigitte Bardot había cumplido su ciclo y decidió arrojarlo al capacho de los desperdicios. La famosísima francesa fue un sex simbol de los años 60 y 70, época de una juventud mundial que se manifestaba como rebelde y soñadora y expresaba su descontento social a través de la música, la vestimenta, y el largo de sus cabelleras al tiempo que adornaban las paredes de su cuarto colgando imágenes del Che, de Joan Báez, la paloma de la paz de Picasso o algún colorido y psicodélico motivo hippie con la leyenda “no haga la guerra, haga el amor” y otras frases por el estilo. Bueno, las décadas transcurrieron y como es lógico aquellos románticos muchachitos de ayer se hicieron hombres y algunos se transformaron en notorias figuras internacionales de la política, de la economía y por consiguiente del poder. Sabés una cosa nene, de esa generación que hace medio siglo reclamaba un mundo mejor mientras se fumaba un porro escuchando “Imagina” de Lennon, de esa generación son los actuales líderes de las potencias que alientan guerras petroleras, bombardean ciudades y cínicamente deciden la matanza de inocentes nada más que para demostrar su demencial omnipotencia. Como si les faltara alguna cualidad, hoy estos archimillonarios asquerosos son noticia porque se los muestra involucrados en “fiestas” sexuales para viejos degenerados en las que se sometía e incluso torturaba a jovencitas menores de edad. Vos me dirás ¡Menos mal que vienen de la generación que reclamaba un mundo mejor! Así es, pero aunque te resulte decepcionante, no pierdas de vista que la humanidad siempre logra abrirse camino, porque la gente honesta es amplia mayoría aunque su actitud digna nunca de motivo para ruidosos titulares en las noticias, pibe…
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