Mientras la misión Artemis II vuelve a colocar a la humanidad en la órbita de la Luna, un nombre argentino, nacido en Arroyo Dulce y que vivió en nuestra ciudad, comenzó a resonar en los ámbitos científicos: Marcos Actis.
Ingeniero nacido en la vecina localidad, su historia no solo explica un logro tecnológico, sino también el recorrido de toda una generación formada en la educación pública y sostenida por décadas de desarrollo científico.
En diálogo con PRIMERA PLANA, Actis reconstruyó sus orígenes y el camino que lo llevó a convertirse en uno de los referentes del sector aeroespacial en el país.
“Estudié en Arroyo Dulce, nací en la casa del doctor Sehinkman, y toda mi vida, hasta los 16 años viví en ese lugar. Después mi familia se mudó a Pergamino; mi madre vivió allí, mi hermano y mi cuñada viven actualmente ahí”, recordó, marcando el fuerte arraigo territorial que aún conserva.
Ese punto de partida, lejos de los grandes centros urbanos, no fue un límite sino el inicio de una vocación temprana. “Cuando era chico, en mi pueblo éramos de los muy pocos que teníamos televisor en los años ‘60. Vi todo el programa Apolo, me gustaba mucho ‘Viajes a las Estrellas’ y siempre soñé con ir al espacio”, confesó.
Sin embargo, el contexto de la época no ofrecía caminos directos hacia ese objetivo. “No había en ese entonces una carrera relacionada con el espacio. Me parecía que la aeronáutica era lo que me permitía estar más cerca, y así fue”, explicó. Esa decisión marcaría el rumbo de una trayectoria que se consolidó en paralelo al crecimiento del sector espacial argentino. “Desde que me recibí en los ‘90, junto con la creación de la CONAE, trabajé en el primer satélite argentino, el SAC-B, y después en todos los satélites que se hicieron para la NASA: SAC-A, SAC-B, SAC-C y SAC-D”, enumeró.
A lo largo de los años, su participación se extendió a múltiples proyectos estratégicos. “También trabajé en el SAOCOM, en el SABIAMAR, en el proyecto Tronador -que dirigí- y en desarrollos vinculados al INVAP y ARSAT. Siempre estuve ligado al campo aeroespacial desde la universidad”, señaló.
Actis se desempeña en la actualidad como decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP)y dirige el Centro Tecnológico Aeroespacial, un espacio clave en la formación y producción de conocimiento aplicado. Desde allí surgió el proyecto ATENEA, el nanosatélite que logró insertarse en la misión Artemis II.
“Nosotros veníamos trabajando en un CubeSatdesde hace tiempo, y eso permitió generar rápidamente ATENEA. Presentamos el proyecto a la NASA a través de la CONAE por una invitación, y fue el que resultó elegido”, explicó.
El desarrollo no fue individual, sino el resultado de una red de articulación institucional. “Se sumó la Universidad de San Martín y, luego, la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la Defensa por un tema técnico con las baterías. La CONAE supervisó todo el proceso y la integración final se hizo en Córdoba”, detalló.
En ese entramado también jugaron un rol clave otros organismos del sistema científico. “La Comisión Nacional de Energía Atómica viene trabajando hace años en los paneles solares de los satélites. Prácticamente todos los que orbitan la Tierra fabricados en Argentina tienen su aporte, incluido ATENEA”, destacó a PRIMERA PLANA.
El resultado fue un desarrollo íntegramente público que logró destacarse en un escenario altamente competitivo. El satélite cumplió su misión sin fallas, recolectando datos sobre radiación y validando nuevas tecnologías de navegación en condiciones extremas.
Para Marcos Actis, este tipo de logros trascienden cualquier coyuntura. Su recorrido -desde Arroyo Dulce hasta los programas espaciales más exigentes del mundo- funciona como una síntesis del potencial argentino cuando se combinan educación, conocimiento y continuidad en las políticas públicas.
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