La propuesta buscó no solo acercar a los niños a uno de los símbolos más representativos de la identidad nacional, sino también generar un espacio de encuentro, aprendizaje y fortalecimiento de vínculos a través del juego y las actividades manuales.
“Cada escarapela hecha hoy lleva algo único: dedicación, alegría y mucho corazón”, destacaron desde la institución, remarcando el compromiso y la participación de los chicos durante toda la jornada.
Entre sonrisas y momentos compartidos, la actividad permitió trabajar valores como la unión, el sentido de pertenencia y el respeto por las tradiciones argentinas. Además, desde el Hogar resaltaron la importancia de generar este tipo de experiencias significativas, que promueven la inclusión, la expresión y el acompañamiento cotidiano.
Con gran entusiasmo, los niños mostraron orgullosos sus creaciones, transformando una simple manualidad en un símbolo cargado de afecto, identidad y compañerismo.