Hay personas que dejan una huella imposible de borrar. Para el cirujano cardiovascular pergaminense José Abud, René Favaloro ocupa ese lugar. No solo fue el médico que revolucionó la cirugía cardiovascular en el mundo, sino también el maestro que moldeó su carrera, le transmitió valores y lo acompañó durante casi diez años de formación en la Fundación Favaloro.
A 26 años de la muerte del creador del bypass coronario, Abud recuerda cada aniversario con una mezcla de orgullo, gratitud y emoción. “Cada vez que llega esta fecha aparecen una enorme cantidad de recuerdos. Desde el día en que lo conocí, cuando inicié mi residencia en 1991, hasta la última cirugía que compartimos. Haber integrado su equipo y haber construido una relación tan cercana es algo que voy a valorar toda mi vida”, expresó.
Para el médico pergaminense, Favaloro trascendía ampliamente su extraordinaria capacidad dentro de un quirófano. “Era un hombre de bien. No solamente enseñaba a operar, enseñaba a ser mejor persona y a entender la enorme responsabilidad social que implica esta profesión”, afirmó.
Abud reconoce que gran parte de lo que consiguió como cirujano nació al lado de quien considera su maestro. Si bien ya era especialista, fue junto a Favaloro donde perfeccionó la cirugía cardiovascular y aprendió a desenvolverse en un ámbito de máxima exigencia. “Nos transmitía el valor del trabajo, del compromiso, de la solidaridad y de hacer siempre lo correcto. Traté de llevar esas enseñanzas durante toda mi carrera. Desde el punto de vista quirúrgico era sencillamente un fuera de serie”.
La última conversación
Entre todos los recuerdos hay uno que conserva con especial intensidad. José Abud fue el asistente de Favaloro en la última operación que realizó, pocos días antes de su fallecimiento.
Aquella intervención se extendió durante horas debido a la complejidad del paciente. Al finalizar, ambos analizaron cada detalle del procedimiento, conversaron con la familia y planificaron la cirugía prevista para el lunes siguiente.
“Nunca imaginé que esa iba a ser nuestra última conversación”, recordó con emoción.
“La Argentina perdió un prócer”
Para Abud, la dimensión de la pérdida todavía resulta imposible de medir.
“La Argentina perdió un prócer. Podría haberse quedado en Estados Unidos desarrollando una carrera extraordinaria, con reconocimiento internacional y todas las comodidades posibles, pero eligió volver para construir un proyecto científico y académico en su país. Ese compromiso social fue tan importante como todos sus aportes médicos”, destacó.
El cirujano considera que muchas veces la figura de Favaloro queda reducida únicamente a la creación del bypass coronario, cuando en realidad transformó por completo el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares.
Antes de esa técnica, un infarto significaba para muchos pacientes una sentencia que limitaba seriamente su expectativa y calidad de vida. Gracias a la sistematización de la cirugía coronaria impulsada por Favaloro, millones de personas pudieron recuperar su salud, regresar a sus trabajos y volver a compartir una vida plena junto a sus familias.
Sin embargo, Abud sostiene que el legado más grande fue otro: su generosidad para enseñar.
“Nunca quiso quedarse con el conocimiento. Formó especialistas, difundió la técnica y permitió que miles de médicos aprendieran a realizar estos procedimientos. Gracias a esa decisión, el beneficio llegó a millones de pacientes en todo el mundo”.
Hoy, la Fundación Favaloro continúa siendo uno de los centros cardiovasculares más prestigiosos de América Latina y mantiene vivos los principios de excelencia, investigación, docencia y compromiso con los pacientes que inspiraron a su fundador.
José Abud, actualmente integrante de ese prestigioso equipo médico, sigue llevando adelante esa misma filosofía en cada intervención. Porque, como él mismo reconoce, el legado de René Favaloro no permanece solamente en los libros de medicina, sino en cada cirugía, en cada profesional formado y en cada vida que logra salvarse.
A 26 años de su partida, quienes tuvieron el privilegio de trabajar a su lado coinciden en una certeza: Favaloro ya pertenece a la historia grande de la Argentina, pero, sobre todo, permanece vivo en el corazón de quienes aprendieron que la verdadera grandeza de un médico no se mide únicamente por sus logros científicos, sino también por su humanidad.