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 Viernes 17 de Abril de 2026

Pedalear la vida: el camino de Héctor Oscar 'Cachi' Castro

Hay historias que se cuentan con palabras, y otras que se sienten como el viento en la cara mientras se pedalea. La de Héctor Oscar “Cachi” Castro pertenece a este último grupo: una vida forjada en el esfuerzo, sostenida por la honestidad y abrazada por el afecto de una comunidad que lo reconoce como uno de los grandes referentes del ciclismo pergaminense.

 

Nacido el 16 de noviembre de 1948 en Alfonzo, hijo de Leonora Español -modista- y de José Castro -peluquero-, creció junto a su hermano Néstor en el seno de una familia trabajadora. Sus primeros años escolares transcurrieron en la Escuela Nº 7, hasta que la búsqueda de un futuro mejor llevó a su padre a trasladar la peluquería a la ciudad, en Merced y Avenida.

El regalo que marcó un destino

Fue su padre quien le obsequió su primera bicicleta. Un gesto simple que terminaría siendo decisivo. Aún hoy, ese recuerdo lo emociona: la imagen de José cruzando la vía con ese regalo permanece intacta en su memoria. Con esa bici, y un carrito de madera, comenzó a repartir diarios para la empresa Solari.

Pero en 1958 la vida cambió para siempre: falleció su padre y, con apenas 10 años, Cachi entendió que el trabajo era el único camino. La familia se mantuvo unida, firme, acompañándose en cada paso. Terminó la primaria en el turno nocturno de la Escuela Nº 42, mientras durante el día salía a ganarse el sustento.

El oficio y la pasión

Su formación comenzó en Bicicletas Serafini, donde, de la mano de Carlos, aprendió los secretos del oficio. Con esfuerzo propio, logró comprar su primera bicicleta de competición. Aquellos años estaban atravesados por la camaradería: la Plaza de Ejercicios era el punto de encuentro, con historias que aún hoy sobreviven.

Viajes en bicicleta hasta Arrecifes, regresos en vagones de carga, colectas para ayudar a un compañero o jornadas de “hacer dedo” eran parte de una época donde el ciclismo era, ante todo, una familia.

Disciplina y crecimiento

A los 20 años, el servicio militar en La Tablada le dejó enseñanzas profundas: orden, respeto y disciplina. De regreso, continuó formándose en el rubro hasta sentirse preparado para dar el gran paso.

En 1973 abrió su propia bicicletería en Colón y Lagos. Los comienzos fueron humildes: dos fierros, un tablón y una morsa. Pero el respaldo de los amigos y su voluntad inquebrantable sostuvieron el sueño.

Compañera de vida

En 1977 llegó Silvia Marini, quien se convertiría en su sostén y compañera incondicional. Juntos atravesaron años de sacrificio, compartiendo un pequeño espacio donde convivían trabajo, hogar y sueños. Con el tiempo llegaron sus hijos, Vanesa y José, y más adelante sus nietos, que completaron una historia atravesada por el amor.

El mentor

En 1985, Darío Dologaray llegó a la bicicletería en busca de una oportunidad. “Cachi” decidió devolver lo que alguna vez recibió y se convirtió en su guía. Con los años, la relación trascendió lo laboral para transformarse en una amistad profunda que perdura hasta hoy.

Pasiones paralelas

El motociclismo fue otra de sus grandes pasiones. Desde 1975 comenzó a competir, con escenarios como la Laguna de Gómez. Con el tiempo, dejó la competencia, pero no el espíritu aventurero: hoy disfruta de viajar en moto junto a Silvia.

También está “Los Mortadelas”, su grupo de amigos, nacido casi por casualidad y consolidado a lo largo del tiempo. Más que un nombre pintoresco, representa la esencia de la amistad, el compañerismo y la solidaridad.

La fe en el camino

Desde 1964, la peregrinación a la Virgen de Luján se convirtió en una tradición inquebrantable. Cada viaje fue una forma de agradecer, de renovar fuerzas, de volver a empezar. La fe, al igual que el ciclismo, siempre fue parte de su camino.

Un legado compartido

“Cachi” no solo vivió el ciclismo, también lo impulsó. Fue parte fundamental en la creación del Circuito Panorámico y de la Agrupación Cicloturismo Pergamino, promoviendo el turismo rural y el encuentro a través de la bicicleta. Para él, pedalear siempre fue sinónimo de compartir.

El cierre de una etapa

Diciembre de 2026 marcará el final de una era: tras 50 años, la bicicletería cerrará sus puertas. Sin embargo, no es un final, sino una nueva etapa. La pasión sigue intacta, y el tiempo ahora estará dedicado a disfrutar, a viajar, a seguir recorriendo caminos.

Una vida, un ejemplo

“Cachi” Castro no solo construyó un oficio, construyó una forma de vida. Una historia donde la dignidad se gana con esfuerzo, donde la amistad es sagrada y donde cada kilómetro recorrido deja una enseñanza.

Honestidad y sacrificio. Dos palabras que no solo lo definen: lo representan.



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