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 Jueves 22 de Enero de 2026

Una vida entre la inmobiliaria y los recuerdos de barrio

¿Qué es de la vida de Daniel Agreda?

A los 67 años, radicado en la localidad de Peña desde hace dos décadas, Daniel Agreda repasa con serenidad el camino recorrido. Su vida estuvo marcada por el rubro inmobiliario, donde trabajó casi treinta años hasta jubilarse. “Mi vida pasó por la inmobiliaria aunque tuve otro tipo de trabajos”, recuerda. Comenzó como empleado en una firma muy conocida de Pergamino, luego se lanzó por su cuenta y allí construyó gran parte de su historia laboral. Hoy disfruta de la calma del retiro, acompañado por su esposa Marita y orgulloso de sus hijos María Florencia y Andrés Manuel.

 

¿Qué recuerdos guarda de su infancia y adolescencia?

Mi infancia la viví gran parte en el barrio Centenario compartido con el Centro, donde esa infancia era como un Fernet “70-30”: setenta por ciento en la calle y treinta por ciento dentro de tu casa o en el colegio. Era una infancia feliz, de fútbol, bicicleta, soldaditos, kartings a rulemán armados con madera y rulemanes que pedíamos en los talleres. También las figuritas, las bolitas de vidrio, la pesca de mojarritas que después alguna mamá freía, y los juegos bajo techo cuando llovía. Recuerdo un grupo inseparable: Fernando Armanino, Pachi Ciraolo, Huguito Gloriani, que llevaba las payanas de tuerca porque su padre vendía repuestos.

En la adolescencia fue parecido, las primeras salidas, las motos, las quintas con amigos y amigas, todo muy sano. Podías pasar mucho tiempo en la calle sin miedo. De ahí me quedan nombres como “El negro” Carlitos Elizalde, el Alemán Pace, el colorado Gerardo Pre, que más que amigo es un hermano, y Alberto “Pitín” Casesi con sus aventuras y desventuras. Con Carlitos fuimos los hermanos “Agreli” (Agreda-Elizalde). Esa adolescencia fue hermosa, con la confitería, los bares, lugares como Capote y Corcho’s.

¿Cómo fue su paso por la vida laboral antes de la inmobiliaria?

Me tocó el Servicio Militar, hice la colimba un año y medio. Después empecé a trabajar en distintos lugares, hasta que encontré la veta inmobiliaria. Allí trabajé mucho tiempo, hasta jubilarme. A partir de entonces, me tomé la vida con más calma, disfrutando un poco más de todo.

¿Qué significa para usted la familia?

Soy padre de dos hijos, María Florencia y Andrés Manuel, de quienes estoy orgulloso. Y tengo una compañera de fierro, Marita, mi esposa, a quien le saco el sombrero. Es compañera cien por cien.

¿Cómo transcurre su presente?

Mi vida transcurre un poquito acá y un poquito allá. Tenemos una cabañita en la zona de Potrero Garay, en Córdoba, y matizamos entre estar allá y estar acá. Ahora también empezamos a viajar con los perritos, algo que antes no hacíamos.

¿Cuál fue el peor momento de su vida?

La vida tiene momentos buenos, malos y regulares. En lo laboral hubo épocas muy malas, cuando no podías vender una propiedad a nadie. Pero todo pasa y vuelve a la normalidad. Mal del todo no he tenido malos momentos.

¿Cree que cumplió todas sus metas o le faltó algo?

No estoy en deuda con nada. Soy más bien conservador, lo que fui haciendo lo hice bien, medido, calculado. Crecí hasta donde tenía que crecer, no fui un desesperado por más. Más vale perfil bajo. No estoy arrepentido de nada, estoy bien así, estoy feliz.



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